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Inicio de la Radio Comercial

En 1930, con el apoyo financiero del empresario William Phelp, Edgar Anzola y Ricardo Espina fundan una nueva estación de radio: YV-1BC (conocida más tarde como Radio Caracas), la cual está considerada por los cronistas e historiadores como la primera radioemisora comercial del país.

De hecho, la participación del propietario de las firmas comerciales El automóvil americano y Almacén americano no debe verse como una apuesta romántica. Se trató más bien de una estrategia comercial para publicitar los productos que distribuía el empresario de marras: automóviles Ford, máquinas de escribir Underwood, refrigeradoras Frigidaire, radio receptores RCA Victor, entre otros.

 

La emisora comenzó a funcionar con un receptor de 100 vatios (similar al empleado por AYRE en su momento). Su primer horario de transmisión iba desde las seis de la tarde hasta las diez de la noche e incluía lo que a decir de muchos es el programa informativo de la radiodifusión del país: El diario hablado. Y tal fue el dinamismo generado en la ciudad por la nueva emisora que, al poco tiempo, le surgió competencia. En 1931 fue fundada otra estación de radio en la capital, Radiodifusora Venezuela. A la cabeza de este proyecto estuvieron Hernán Degwitz y Gerardo Siebletz.

Ambas estaciones comparte el mérito de ser las pioneras de la radiodifusión en Venezuela y de formar las primeras generaciones de hombres y mujeres de la radio. Ciertamente, para el momento en que salieron al aire, el país no contaba con el recurso humano ni tecnológico que les permitiera consolidar la radiodifusión venezolana. Sin embargo, lograron constituirse en cátedra para la formación en las diversas áreas del quehacer radial.

En la provincia también se escucha

Pero no solo en Caracas se acumulaban expectativas frente al fenómeno comunicacional de la radio. Es así como aparece en Valencia, en 1934, La voz de Carabobo. En este mismo año se funda la emisora zuliana Radiodifusora Maracaibo. Un año más tarde salen al aire Emisoras Unidas y La Voz de la Philco, en Barcelona, y la Voz del Táchira, en San Cristóbal. En 1936, nacen Radio Valencia (Carabobo), Ondas del Lago y Radio Popular (Zulia), así como la primera emisora del Estado, Radio Nacional. De 1937 data Radio Continente y, de 1939, Radio Barquisimeto (Lara) y Radio Tropical (Caracas). En suma, ya para 1946 existían en el país 25 emisoras radiales. Ocho radicadas en la capital y el resto de ellas distribuidas en trece ciudades distintas.

Tal proliferación de estaciones radiales en un país semirrural como la Venezuela de entonces es explicable solo a partir del clima de apertura y agitación políticas que se iniciaron con la muerte de Gómez. El ambiente de tolerancia (con las limitaciones del momento histórico) que se generó en el país, primero con Eleazar López Contreras y después con Isaías Medina Angarita, permitió que recursos de la iniciativa privada se orientaran sin timidez hacia el negocio de la radiodifusión. Desde luego, la actividad de las radioemisoras estaba sometida a una regulación legal: ley de telecomunicaciones (1940), Reglamento de Radiocomunicaciones (1941) y Ley de Propaganda Comercial (1944). Por cierto, los tres instrumentos siguen rigiendo en el país y fue en el 2000 que se realizó la reforma del primero de ellos y en el 2010 nuevamente reformada.

Los años dorados de la radiodifusión

No pocos son los entendidos que coinciden en señalar la década de 1940 como la época dorada de la radiodifusión en Venezuela. Y ciertamente, fue toda una actividad febril la que se gestó en torno a las emisoras de radio. Podría hablarse incluso de un periodo de entronización y consolidación de la cultura radial entre los venezolanos. Y razones había para ello. En un país que venía de padecer el oscurantismo de una larga tiranía, la radio se construyó en la fuente de entretenimiento por antonomasia. La radio era el espectáculo que, sin mayores dificultades, viajaba a través de las ondas hertzianas, concitando la atención de todos alrededor del aparato radiorreceptor. En una suerte de perfecta dialogía, radio y país giraban mutuamente el uno en torno al otro.

Eran las radioemisoras las encargadas de presentar a los más famosos y cotizados artistas del momento. Cuando esto ocurría, las colas de gente deseosa de entrar a los estudios se hacían interminables. Además de los musicales, las estaciones de radio también hicieron muy popular, a partir del radioteatro, el formato de la radionovela, así como las transmisiones de beisbol y de boxeo, los programas humorísticos, de concursos, culturales y el radioperiódico. De este último se puede decir que cobró un marcado auge en virtud de los acontecimientos que se suscitaron durante la Segunda Guerra Mundial. Una suerte de necesidad de información, de saber que ocurría en el marco de la conflagración, se generalizó hasta tal punto que los noticieros comenzaron a ser estructurados con una inusitada rigurosidad, tomándose en cuenta aspectos como la agilidad informativa y la documentación.

Una leve caída de la audiencia

La década de 1950 constituyó para Venezuela un retroceso en lo que a libertades políticas se refiere. Todas las conquistas democráticas logradas hasta entonces se desvanecieron ante la entronización de un nuevo autoritarismo encarnado por Marcos Pérez Jiménez a partir del golpe de Estado del 24 de noviembre de 1948 y de su proclamación como presidente de la republica el 2 de diciembre de 1950.

Esta situación tenía que reflejarse necesariamente en la radiodifusión venezolana. Una muestra de ello es la merma que experimento la programación en vivo de las radioemisoras. Ante el peligro de la censura oficial, las radiodifusoras optaron por transmitir básicamente programas grabados. De esta manera conjugaban el riesgo de ser acusadas subversivas por culpa de la espontaneidad, lo que podía pagarse con una suspensión de la señal y/o un nada grato carcelazo.

Suerte similar corrieron los noticiarios y programas de opinión, en virtud de las restricciones a que se vio sometida la libertad de expresión. No pocos fueron suprimidos y los que persistieron en su labor de comunicación se limitaron a transmitir informaciones emanadas del aparato gubernamental.

No resulta exagerado señalar que el único género de la radiodifusión venezolana que quizás se mantuvo medianamente ileso en el referido periodo fue la transmisión deportiva.

Pero los males para la radio no tuvieron una sola procedencia. A la par de la censura y autocensura de las adecuaciones y reacomodos al orden político existente, apareció un competidor de grueso calibre. A partir del año 1952 irrumpió en la escena venezolana la televisión.

Este hecho tuvo una profunda significación que se expresó claramente en el cambio brusco que debió realizarse en la programación radial. El radioteatro, los programas de música clásica y de corte cultural, así como la radionovela comenzaron a ceder terreno ante la música comercial, los programas de concursos y la publicidad. Solo así podía competir la radio con una televisión que se fue apropiando de forma avasallante de público y anunciantes.

Desde luego, un medio que, a partir de un fenómeno óptico-auditivo, puede generar la magia de la telepresencia, tenía que enseñorearse del mercado venezolano de las comunicaciones.

Sin embargo, el golpe no fue tan brutal para la radio. De hecho, en 1956, el país contaba con 122 radioemisoras y seis años antes ya se había fundado la Cámara venezolana de la Industria de la Radiodifusión. Es decir, la radio supo resistir las embestidas tanto del régimen dictatorial como de la magia innovadora de la televisión.

Categorías:Radio
  1. septiembre 23, 2012 a las 6:45 pm

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