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Inicio de la Radio

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LA RADIOTELEFONIA

Un hilo sutil que arranca desde el “telégrafo óptico” de los chinos y culmina con el “audion”, que es poco más o menos que la radio actual. Lesage, Hertz, Branly, Popov, Marconi y De Forest son los más notables hitos en la historia del invento.

Aun cuando la radiotelefonía moderna nace sólo en 1907, año en que el norteamericano Lee de Forest inventa el “audión”, la historia de esta forma de comunicación se remonta, para los investigadores, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando Guillermo Marconi aporta la telegrafía sin hilos (TSH).

Concebida como fórmula de transmisión y recepción de voces, música y sonido mediante ondas electromagnéticas, la RADIO surge como el punto culminante en la carrera de triunfos ejecutada por el ser humano a través de miles de años de historia, para resolver un problema surgido junto con la cohabitación del planeta por las primeras comunidades: la necesidad de intercomunicación a distancia entre los seres.

Las fórmulas y sistemas se multiplican por centenares en la historia de la humanidad, pero, buscando una antesala más inmediata, el despertar de la ciencia de las telecomunicaciones se sitúa en pleno siglo XVIII, cuando, obsesionado por las posibilidades de un descubrimiento fabuloso, la electricidad, el hombre busca en ese campo una solución para el problema milenario.

Como precursor de precursores, el primer nombre que surge en materia de historia de las telecomunicaciones es el de Georges Louis Lesage, físico suizo nacido en Ginebra, en 1724, de padres franceses. Médico y filósofo de cierta fama, Lesage, que se había doctorado en París, se dedicó por un tiempo a la enseñanza de las ciencias. En 1774, dando forma a una idea madurada durante catorce años, Lesage construye un verdadero “juguete científico”, que no es otra cosa que el primer telégrafo. Aunque primitivo, el telégrafo de Lesage contuvo los elementos básicos del aparato definitivo. En términos simples, puede definirse como un conjunto de veinticuatro hilos, numeración que coincidió con las letras del abecedario, que en la estación transmisora se ponían en contacto, mediante un conductor electromagnético, llevando movimiento a los electrómetros de la llamada estación receptora.

Pero será otro francés, Claude Chappe, nacido en Brulon, departamento del Sarthe, en 1763, quien construirá lo que puede ser considerado el primer telégrafo de señales o primer telégrafo óptico.

ONDAS ELECTROMAGNETICAS

Para llegar al campo de la radiodifusión debe incursionarse, naturalmente, en el de otro elemento básico: el de las ondas electromagnéticas.

La existencia de las ondas electromagnéticas fue demostrada matemáticamente por primera vez, en 1873, por el escocés Clerk Maxwell, quien las definió como análogas a la luz. Pero sólo noventa años más tarde ellas van a ser descubiertas experimentalmente, abriéndose campo a su utilización. Este descubrimiento se debe al físico alemán Enrique Hertz, nacido en 1857, quien durante cuatro años se dedicó a verificar la teoría de Maxwell en el sentido de que ondas más largas que las de la luz podrían producir efectos electromagnéticos.

Hertz partía de la suposición básica de que si se producía una descarga eléctrica entre dos terminales altamente potentes, el éter lograría reflejar esos impulsos.

Los cuatro años que demoró la investigación fueron largos y agotadores para el tenaz físico alemán. Finalmente, en 1886, anunciaba que había logrado transmitir señales de un cuarto a otro, en su propio laboratorio de Karlsrube.

Las ondas electromagnéticas, que serían conocidas definitivamente como “ondas hertzianas”, piedra angular de la telegrafía sin hilos, habían sido descubiertas.

De criterio eminentemente científico, Hertz no se detuvo a medir las posibilidades utilitarias de su gran descubrimiento, hecho que sí fue explotado por otros hombres de ciencia posteriores, entre ellos Guillermo Marconi. Por otra parte, los elementos de este invento eran muy simples. Para hacerlo operar bastaba utilizar un emisor apropiado y un receptor con arco de latón. El emisor apropiado para Hertz fue el carrete o bobina de Ruhmkorff, creación del físico alemán Heinrich Ruhmkorff, que permitía, por medio de interrupciones muy rápidas, desarrollar una corriente continua primaria de alta tensión en un hilo secundario muy fino.

En 1890 una nueva hazaña iba a facilitar el camino hacia la telegrafía sin hilos: Edouard Branly, físico francés nacido en 1846, inventaba el “cohesor”, pequeño tubo de vidrio lleno de limaduras de plata, que se utilizaría como detector para señales inalámbricas. En honor a la exactitud histórica, este tubo había sido descubierto ya en 1884 por el italiano Temístocles Calzecchi-Onesti, pero esta invención se desconocía en Francia.

El último elemento que prepararía la serie que utilizaría finalmente Marconi fue la antena. Su invención corresponde a Alexander Stepanovitch Popov, catedrático de física de la Escuela Imperial Rusa de Torpedos, que funcionaba cerca de Kronstadt, próximo a San Petersburgo. Alexander S. Popov se sintió atraído hacia nuevas experimentaciones, después de escuchar una conferencia ofrecida por Oliver Joseph Lodge sobre “La obra de Hertz”. Después de realizar algunos experimentos con los cohesores Branly construyó, en 1895, un “receptor de alambre exterior”, que describió en una monografía leída ante la Sociedad de Física y Química Rusa, el 7 de mayo del mismo año. El receptor de Popov tuvo el mérito de poder captar perturbaciones eléctricas, incluidas las de carácter atmosférico.primera_antena

Sobre este punto, puede agregarse que la Unión Soviética considera a Alexander Stepanovitch Popov como el verdadero inventor de las “radiocomunicaciones” y celebra precisamente el 7 de mayo de cada año “El Día de la Radio”.

Y finalmente, la idea de aplicar las ondas hertzianas a la telegrafía sin hilos perteneció al inglés William Crookes, quien adaptó el manipulador y el receptor de Morse. Dos años más tarde, Oliver Lodge, también inglés, enviaba señales de una a otra orilla a través del Canal de Bristol.

Categorías:Radio
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